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Asdrubal Caner

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Escritor y Poeta

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viernes, 23 de febrero de 2007

CUBA, LA ISLA FRAGMENTADA

Cuba, la isla fragmentada



Asdrúbal Caner
Ottawa.

La idea de Cuba como una isla, la mayor de Las Antillas, está en la conciencia del mundo desde hace mucho tiempo. Pero, no, no somos una isla. En realidad somos un archipiélago con más de cuatro mil islas, isletas y cayos, o sea, una tierra llena de fragmentos, pequeños y grandes, pero fragmentos al fin.

Al parecer, este hecho geográfico, ha tenido una profunda repercusión en la conciencia, la psicología, el carácter y la idiosincrasia del pueblo cubano: somos millones de fragmentos

Cuando se analiza a fondo la historia y la realidad de Cuba, vemos claramente que, no se trata sólo de una fragmentación física, sino, lo que es mucho peor, una fragmentación lingüística, política, ética y racial. Es quizá mucho peor: es la inexistencia de un conglomerado que pudiera considerarse una Nación.

¿Existe, en realidad la nación cubana? ¿Existe unidad territorial, cultural, espiritual, lingüística, etc. que nos pueda calificar como nación?
Confieso que tengo miles de dudas, y no sé cómo voy a explicárselo, en el futuro, a mi nieto. En realidad tengo dudas hasta de usar las palabras “Pueblo Cubano”, porque no estoy realmente seguro, que una entidad de esa naturaleza exista en nuestro vasto continente.

Cuando se mira atrás, y se contemplan 48 años de servidumbre a un ignorante dictador, que ha impuesto su voluntad a sangre y fuego, y ha destrozado la vida de unos quince millones de personas dispersas por la geografía del planeta, dudo de la existencia de una unidad territorial.

Cuando veo la existencia de más de quinientas diferentes organizaciones cubanas de disidentes y opositores, también dispersos por todo el mundo, que hablan quinientos diferentes idiomas, dudo que tengamos la misma lengua y la misma base cultural.

Cuando se observan las diferencias raciales y de clases que nos separan, que no permiten ningún tipo de fusión o de unión, ningún intercambio de amores, amistades y compasiones, ningún abrazo de profunda solidaridad social, entonces yo tengo suficientes evidencias para pensar, que no hay el más leve soplo de una unidad de espíritu.

Y eso es, a nivel intelectual, la Cuba más profunda. Una isla fragmentada por su naturaleza, su origen, los avatares de su historia y en su propia conciencia. Voy a detenerme en una parte relativamente reciente de nuestro pasado, pero que explica, en buena medida, nuestra actual agonía.

La coincidencia histórica de la independencia cubana con la fase de consolidación, expansión y desarrollo del capitalismo de Estados Unidos puede ser una parte de la explicación de lo mejor y lo peor que le ha ocurrido a Cuba en los últimos cien años.
La casi cohabitación con la economía del coloso del Norte, produjo un inusitado crecimiento económico-social de la nación cubana. Allí, donde el análisis de los comunistas vio un factor de propaganda negativa contra EE.UU., la llamada “dependencia de Cuba”, enarbolado por el Dictador cubano hasta el cansancio, cualquier mente lúcida podría ver una extraordinaria y singular ventaja comparativa. Y eso fue lo que vio Fernando Ortiz, cuando escribió:

“Nuestro clima tropical, unido a la proximidad a los Estados
Unidos, determina el fenómeno geográfico de que Cuba sea el
país tropical más inmediato a un gran centro de consumo, de
civilización y poderío…. Este curioso fenómeno no puede menos
de haber influido en el concepto económico-político que de
nuestra importancia se ha tenido y tiene entre nuestros
vecinos, capaces de consumir en sus mercados toda la
producción de que seamos capaces”[1]

Las estadísticas y los informes de la CEPAL, la OEA y otros organismos de Naciones Unidas muestran robustos indicadores económicos y sociales que ubicaban a Cuba dentro de los tres países más desarrollados de América, con una clase media muy extendida, para aquellos años y una clase trabajadora con niveles de ingresos similares a los estados del Sur de Estados Unidos y Canadá.

Si se analizan los resultados finales de la Guerra del 95, después de treinta años de lucha anticolonial, y de tres casi consecutivas guerras, las conclusiones no pueden ser más devastadoras: los perdedores fueron los empobrecidos hacendados cubanos, la clase media agraria y, en peor condición, los negros, todos combatientes del Ejercito Libertador: Balmaceda primero y luego los EE.UU. los dejaron sin tierras y riquezas.

Los vencedores: los españoles y las compañías norteamericanas, que se lanzaron, desde 1860, al asalto de la economía cubana.

Muertos Martí, Maceo y otras grandes figuras de la epopeya mambisa, la intervención norteamericana, ni pedida ni querida por ellos, impuso sus condiciones como potencia vencedora: desaparición del Ejército Libertador, eliminación del Gobierno de la República en Armas, imposición de la Enmienda Platt, el Tratado de Reciprocidad, la Base Naval de Guantánamo y otras humillantes condiciones.


El asesinato a machetazos del General Quintín Banderas en 1906 y de otros cientos de negros, así como la masacre de miles de mulatos y negros en 1912 en protesta por la exclusión racial, son un botón de muestra del esquema racista de los Estados Unidos, para alejar de los cargos políticos, de la vida pública y de la propiedad, a los combatientes mambises negros y mulatos, muchos de los cuales llevaban treinta años luchando por Cuba. El problema negro, el problema de la integración total del negro a la vida nacional como parte activa de ella, como elemento esencial de la cubanía, vale decir, fusión de los negros en el alma cubana, fue relegado y olvidado como correspondía a las buenas costumbres y a la tranquilidad ciudadana.

Perdimos la ocasión de nuestra vida.

Construimos un particular apartheid para los orishas negros y los santos blancos: La Caridad en el atrio mayor de las iglesias y Obbattalá en los rincones más obscuros y olvidados de la casa de los negros. ¡Solavaya!
La concepción racista de los EE.UU. se impuso por mímesis: parecía “cool” a los ricos, apartar a los negros de la sociedad, vale decir, de la cultura y el saber, de las buenas maneras, de los mejores trabajos, de la propiedad sobre los medios de producción, de los buenos servicios de salud y de las más excelentes ventajas que, blancos y negros mambises, habían conquistado para todo el pueblo cubano.
Sólo la potencia de la música negra se salvo del apartheid: entre 1790 y 1880 se fundieron las músicas española, africana y francesa, y dieron nacimiento a la música del “otro”, radicalmente cubana, suma maravillosa del ajiaco transcultural y genuina expresión del alma nacional

Aún no acabamos de asimilar las experiencias históricas, y no logramos eliminar ciertas tendencias racistas. Basta hablar con los blancos cubanos en cualquier parte. Para nosotros, el Holocausto Judío no es ninguna lección. Para personas que piensan, el holocausto fue una abominable carnicería racial, como lo fue la limpieza étnica en Servia, en Ruanda o Burundi.

Según las estadísticas de los Estados Unidos, allí viven 1,4 millones de cubanos, 85% de los cuales son blancos.
Aunque no creo mucho en las estadísticas del Gobierno Cubano, que ocultaron los resultados del último Censo durante tres años, ni tampoco en el criterio de los cubanos de quién es blanco o quién no, los negros y mulatos en Cuba, han crecido. Cuba se está bronceando: 24,9% mulata y un 10,1% negra. O sea, hay un 35% con algún fragmento secreto de ADN de Orula.
Una buena parte de ese 85% de cubanos blancos, apunta secretamente a negros y mulatos por su apoyo a Fidel Castro.

El polígrafo cubano Fernando Ortiz escribió en 1907: “Nuestra sintética característica intelectual es la ignorancia. Somos un pueblo de ignorantes, dicho sea sin eufemismos ni rodeos” Así de simple, una verdad como un templo.

Son numerosas las causas de la existencia de Fidel Castro y del proceso político que desencadenó, dentro de las cuales hay que mencionar sus propias características personales, gestadas en un ambiente familiar problemático. Pero la personalidad arrogante, carismática y enfermiza de este hombre, no pueden explicar su triunfo aplastante, aunque violento, y el apoyo inicial del pueblo cubano.
Muchas veces me he preguntado qué factores motivaron ese masivo apoyo popular con el cual contó durante los primeros años. ¿Podrían ser causas económicas y sociales? ¿Sería la extrema pobreza o el estado de indigencia en que vivía la sociedad cubana? No, en absoluto. fueron los Estados Unidos, los ricos cubanos y la desmedida avaricia del Sr. Fulgencio Batista. Los blancos pobres, los mulatos y los negros no tenían Patria, la Patria real, la Patria solidaria con todos y para todos de Martí. Luego… ¿qué razón tienen el 35% de los cubanos para luchar contra Fidel Castro? ¿Para que regresen sus verdugos, los que los excluyeron de todo?

Si la oposición y la disidencia anticastrista quieren el apoyo masivo del pueblo, hay que incorporar a ese sector marginado y hacerlo, no su compañero táctico de viaje, sino su hermano de siempre y compartir con él todo lo que le fue negado y que le pertenece por derecho propio. Somos el ajiaco mestizo y maravilloso que Martí y Fernando Ortiz querían para esa isla dueña del sol.

Con todo y eso, y sin que le dieran garantías, ahí están los Fariñas, los Bisset y miles de negros y mulatos, de frente contra su gran enemigo: la dictadura brutal y racista de Fidel Castro. Y cada día son más.


Asdrúbal Caner, Cubano, Economista, Ex Profesor Universitario, Master en Artes de la Universidad de Ottawa, Canadá.
[1] Ortiz, Fernando. El pueblo cubano. Pág 12. Editorial Ciencias Sociales, 1997, La Habana, Cuba.

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